Los abogados ya usan IA para redactar e investigar casi en todas partes; para un estudio chico, lo que cambia son las reglas, la forma de cobrar y el cuidado de la confidencialidad.
Los abogados ya usan IA para redactar e investigar casi en todas partes; para un estudio chico, lo que cambia son las reglas, la forma de cobrar y el cuidado de la confidencialidad.
California obliga a los abogados a responder por cada cita y a declarar el uso de IA en sus escritos, justo cuando los asistentes de IA llegan al software que ya usan los estudios chicos.
Anthropic y OpenAI recortaron el mismo día el precio de sus modelos principales, mientras Amazon bloqueó al agente de Meta y los gobiernos discutieron quién prueba los modelos nuevos.
OpenAI ya les vende investigación jurídica a los grandes estudios de Estados Unidos, Harvey compró una empresa de seguridad en IA y el deber de verificar les llegó a peritos y asistentes judiciales.
OpenAI lanzó un índice público de jurisprudencia y las firmas legales establecidas se conectaron; esa misma semana mostró qué datos siguen siendo una ventaja competitiva sostenible.
El pedido de Anthropic de desacelerar la frontera le valió un rechazo en el Senado, una demanda y una invitación, mientras OpenAI buscó US$1,5 billones y avanzó sobre el trabajo jurídico.
Cuatro movidas de esta semana convirtieron al modelo de IA de activo estratégico en un commodity que se cobra por uso, desde la nueva factura de Copilot hasta los pesos abiertos baratos de China.
Anthropic metió IA legal dentro de las herramientas que los estudios chicos ya usan, por unos US$20 por usuario, mientras Carta lanzó un estudio jurídico nativo de IA.