Esta semana había tres argumentos en juego y ninguno superó la revisión: qué necesita cada uno antes de salir.
Esta semana había tres argumentos en juego y ninguno superó la revisión: qué necesita cada uno antes de salir.
Esta semana Meta y OpenAI pusieron precio al acceso a la IA según quién es el comprador, y el precio de lista dejó de ser el precio.
OpenAI lanzó GPT-6 y lo racionó, Meta le puso precio a los datos del cliente, una cláusula de contrato le cortó el acceso a Cursor y Europa sometió a ChatGPT a las reglas de los buscadores.
La compra de OpenRouter por US$7.000 millones le da a Stripe el medidor del consumo de inferencia: un punto de estrangulamiento en los pagos que cobra gane el modelo de IA que gane.
En mayo de 2026, un estudio de Stanford sobre sesgo, el giro de Altman sobre la pérdida de empleos por IA y el caso Mobley contra Workday pusieron en aviso a las herramientas de contratación con IA.
El CEO de OpenAI relativizó el reemplazo de empleos por IA, el agente de Cognition llegó a Goldman y la NASA, Google financió la capa de enrutamiento y la seguridad de los modelos de pesos abiertos cayó en diez minutos.
Los mercados dejaron de premiar los despidos por IA, Google desató una guerra de precios entre modelos, Washington archivó la supervisión de la IA y el costo energético dejó a Europa fuera de la construcción de infraestructura.
Anthropic y OpenAI le vendieron la distribución a Wall Street, el Pentágono convirtió su política en un tope de ingresos y el director financiero de OpenAI pidió cobertura para la salida a bolsa.